2018-07-17

La ESPAÑOLADA de la Catedral del Mar

   Cuentan que en el cine acabó de instaurarse el término ESPAÑOLADA en los años 60 cuando algunas compañías nacionales pretendían emular a las grandes superproducciones de Hollywood, quedándose todo después del estreno en un intento infantil ,tan entrañable como mediocre.
Y así es como definiría como espectador la serie de la Catedral del mar. Y más, después de la aparición en la misma(o no) de los tan esperados almogávares.
No voy a mencionar que el argumento principal me suena demasiado a Los Pilares de la Tierra. Que el supercomienzo con derecho de pernada a lo bestia ni siquiera es histórico. En los continuos errores de vestuario, ambientación etc etc. Y eso que detrás de cada capítulo nos regalan de propaganda un "Programa Justificación) con supuestos especialistas para convencernos del supernivel con que han hecho  todo.

A nosotros nos interesaban los almogávares. No habían hecho nada desde el Tirant lo Blanc.
Los esperabamos ansiosos, a ver qué podíamos aprender.
Y finalmente es esto lo que vimos.

http://almogavares.foroa.org/t2574-la-espanolada-de-la-catedral-del-mar#41588


2018-06-02

- Diorama Almogávar del El Bandoler Lle Paire


  Parece mentira que se pueda condensar tanta historia en algo tan pequeño como es una miniatura.

  Doble motivo para considerar un artista a quien es capaz de conseguir este efecto.
  Os traemos un excelente trabajo, tanto por su fidelidad histórica del vestuario reproducido como por la exposición de las armas de época. 
  Un diorama almogávar del reconocido miniaturista  Cesar G.S , más conocido entre los seguidores de esta afición como El Bandoler Lle Paire.

 más vistas del diorama

2018-05-22

Una LEYENDA sobre EL ORIGEN de los ALMOGÁVARES:


LA LEYENDA DEL ORIGEN de los ALMOGÁVARES:

Extraido de 
GUTIERREZ LERA, "Breve inventario de Seres Mitológicos Fantásticos y Misteriosos de Aragón" :

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"Alfonso I, llamado El Batallador, pasó buena parte de su infancia al cuidado de los monjes del Monasterio de San Pedro de Siresa. Un día, armado con su arco y sus flechas, de los que no separaba nunca, salió en compañía de otros muchachos hacia los parajes conocidos como la Boca del Infierno, en la Selva de Oza. De entre la maleza surgió un "onso" enfurecido y todos huyeron, menos el pequeño infante, que tenía fama de no asustarse de nada ni de nadie. Con una calma impropia de sus años, tensó la cuerda y lanzó la flecha apuntando al cuerpo del animal, erguido imponente sobre sus dos patas. El venablo no llegó a herir de muerte al "onso", pero lo enfureció aún más, y avanzó contra Alfonso. Paso a paso, sujetando en su mano un cuchillo, el muchacho retrocedía de espaldas al precipicio. De repente, perdió pie y cayó, pero pudo agarrarse a duras penas en unas ramas. El "onso" estaba a punto de darle un zarpazo mortal cuando unas piedras silbaron en el aire. Una, otra, otra más, todas las piedras hacían blanco en las zonas más vulnerables de la fiera, en los ojos, en los belfos, en la sien. Se tambaleaba aturdido, sangrando, cuando surgidos de la nada aparecieron unos hombres que parecían salvajes, vestidos con zamarras de piel de "craba", armados con enormes "gayatas, estrales" (bastones o palos, hachas) y cuchillos, rodeados de fieros mastines, y se avalanzaron contra el animal, derribandolo y cosiéndolo a cuchilladas. Eran los pastores de la Bal d'Echo que salvaron al principe Alfonso. Cuenta la leyenda que años más tarde, el rey se rodeó en todas sus batallas de unos fieros guerreros de las montañas pirenaicas conocidos como los Monteros Reales de Don Alfonso El Batallador, y cumplió así la promesa que les hizo a los pastores chesos a los que les debía su vida"

2017-11-17

ALMUGÁVARES La sombra de la Corona

Acaban de informarnos de la aparición de una nueva obra sobre la historia de los almogávares del autor Chusé Bolea Robres.
 descarga libre
http://almogavares.foroa.org/t2547-almugavares-a-la-sombra-de-la-corona

2017-05-18

- Panoplia de las mujeres almogávares de Galípoli

.Está recogida en la Crónica de Muntaner, la descripción del esquipo que se entregó a las mujeres almogávares para que defendieran la ciudad fortificada de Galípoli.

Es un equipo convencional, que figuraba, según el cronista, en abundancia en los almacenes de la Gran Compañía, fruto probablemente de sus saqueos al ejército bizantino.
Con él combatieron y vencieron auqellas sufridas mujeres hace justo 710 años.


Sucedió hace 710 años en Galípoli, una ciudad griega fortificada situada en una península frente al mar de Mármara en la actual Turquía.
La Gran Compañía Almogávar la había convertido en su guarida oficial cuando quedó huérfana de su caudillo Roger de Flor el año anterior. Este había sido asesinado junto a la mayor parte de su cuadro de mando en un banquete en palacio, y  a manos de unos mercenarios alanos, pagados por el propio emperador.
Así murieron todos, borrachos y desarmados, a oscuras, con el cuello cercenado a traición, mientras les estaban escanciando vino, y hermosas bailarinas desnudas  danzaban  con gesto serio al son de una música de fondo, que no cesó hasta bien terminada la escabechina.
Muchos meses después, la hueste, arrinconada y olvidada a su suerte, abandonaba eventualmente  su refugio de Galípoli para ir a ajustarles las cuentas a aquellos alanos. Una expedición más de venganza y castigo propia de las circunstancias, pues había que hacerse valer para poder sobrevivir.
Ya para entonces eran demasiados los enemigos que acumulaban. Y cuando apenas hacía unos días que por el horizonte se perdieron las galeras con todos los hombres de la Compañía, por el mismo camino aparecieron nuevos barcos. Esta vez el emperador les mandaba mercenarios genoveses. Aviesos  y elegantes, a lo mejor aún se acordaran de cuando la Compañía saqueó y prendió fuego, allá en Constantinopla,  al barrió genovés de Pera, la misma noche de las nupcias del pirata Roger de Flor con la princesa de Lantzara. En mal momento llegaban los vistosos y gesticulantes genoveses, a bordo de veintiocho galeras, pues tras las murallas, sólo quedaban cien almogávares y seis caballeros. Los demás eran ancianos, inválidos, mercaderes, y la numerosa  prole de los almogávares al cuidado de dos mil mujeres.
Eran estas últimas las curiosas hembras que acompañaban en sus andanzas a la Compañía. El cronista las divide en tres clases. Las “amigas”, las esposas, y las “fembres de les Armes”
Y hubo que reclutarlas a todas. Armarlas, y distribuirlas por la muralla.
Lo que siguió es el típico trajín de un asedio heroico con intentos de pactos, propuestas de rendición, salidas suicidas y aguerridos asaltos.
Para que mantuvieran el brío les repartieron toneles de vino a cada tramo de barbacana. Y allí estaban ellas, arrojando piedras y cantals. Despojándose de la coraza para amamantar. Repeliendo los ataques, desplomando las escaleras que intentaban apoyar los asaltantes, arrancando garfios, atendiendo heridos y adoptando de inmediato a los hijos de las que caían. Por quedar las aspilleras a la altura de la cara, a muchas les desfiguraron el rostro para siempre.
Hacía calor, el sol del mes de julio caía impune sobre las armaduras de los genoveses.
Y los pocos almogávares y marineros que quedaban hicieron una salida sorpresa prácticamente desnudos, armados sólo con cuchillos y lanzas. Y desbarataron la primera línea genovesa matando a su capitán el tal Spíndola , y a su lugarteniente, el tan Bocanegra.
Se replegaron los sitiadores perseguidos por los habitantes de Galípoli. Hubo rendiciones y supervivientes. Las mujeres custodiaron seiscientos genoveses apresados y los más afortunados abandonaron en sus naves a toda prisa la playa, el malecón y el puerto de la ciudad sitiada.
No tardaron en regresar a Galípoli, tal vez alertados de antemano, el grueso de la Compañía que había terminado de ajusticiar a su manera a los magnicidas  alanos. Al llegar se encontraron  con las evidencias, las muestras y el postrero relato de los asaltos sufridos.
Es difícil penetrar en la mente de aquellos almogávares y de sus hembras. Tal vez podamos intentar comprenderlos al conocer la petición que los recientes viudos le exigieron a Ramón Muntaner, gobernador de la plaza e intendente de la Compañía, de que ejecutaran a dos genoveses por cada mujer almogávar muerta en combate.
Muntaner se negó.
De ninguna manera.
¡Cómo que dos genoveses por cada mujer! Y dio orden de que se ejecutara a todos los prisioneros. 
Ese, consideraron, era el precio de sus mujeres.